Sharapova reconoce su positivo por dopaje pero lo achaca a una medicina

Maria Sharapova ha anunciado que no pasó el control antidopaje en Australia, aunque el motivo fue el meldonium, una medicina que lleva tomando desde hace 10 años.

«No pasé la prueba antidopaje y asumo las consecuencias», explicó la tenista que todavía no conoce la sanción a la que se enfrentará. «El 1 de enero se convirtió en ilegal utilizar el meldonium pero no lo sabía. No quiero terminar mi carrera así. Espero que el tenis me dé otra oportunidad», afirmó.

Sharapova tan solo ha participado esta temporada en el Open de Australia por motivos físicos. Recientemente había confirmado que sería baja en Indian Wells por una lesión en el antebrazo izquierdo que arrastra desde el principio de la temporada.

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«He cometido un gran error. He decepcionado a mis aficionados y a este deporte que practico desde los cuatro años y que he amado tan profundamente», señaló la rusa, exnúmero uno del mundo (21 semanas) y poseedora de cinco títulos del Grand Slam (Abierto de Australia, Roland Garros (2), Wimbledon y US Open). «Pero no quiero acabar mi carrera así. Espero tener otra oportunidad para jugar al tenis», agregó Masha, que ahora deberá esperar el castigo de la ITF. Por la reglamentación actual podría extenderse hasta los cuatro años, pero la colaboración de la tenista puede servirle de atenuante. De momento, el organismo que rige el tenis mundial le impuso el 2 de marzo una «sanción provisional que queda pendiente de una determinación final», que entrará en vigor el día 12.

El Meldonium (comercializado con el nombre Mildronate) fue descubierto por un investigador letón en los años setenta. Según los estudios, este fármaco incrementa la resistencia de los deportistas, ayuda en la recuperación tras el ejercicio, protege contra el estrés y mejora la activación del sistema nervioso central. Sharapova, reconoció en ese escenario lúgubre, lo toma desde 2006. «Enfermaba muy a menudo y tenía falta de magnesio, un historial familiar de diabetes y señales de que podía tener esta enfermedad. Esta fue una de las medicinas que me dieron, junto a otras», especificó.

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«Más allá de los médicos y el equipo que me rodea, yo soy la responsable», concluyó la rusa, empresaria (creó la empresa de golosinas Sugarpova) e icono comercial (firmó con Nike a los 11 años). Una competidora feroz que moldeó su tenis desde los siete años en la prestigiosa academia de Nick Bolletieri, en Bradenton (Florida). Allí emigró junto a su padre, Yuri, y desde ahí cimentó una lustrosa trayectoria que incluye los cuatro majors, 35 trofeos individuales y una plata olímpica (2012). A partir de ahora, también, un importante borrón. La alargadísima sombra del dopaje.

Diana Cañon

Estudiante de Psicología Universidad El Bosque.

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