50 años del Asesinato de John F Kennedy.

Las-imagenes-del-asesinato-de-_54393742402_51311357716_350_260John F Kennedy el Presidente Asesinado el 22 de Noviembre de 1963 en Dallas, permanece inborrable en la memorias de los Americanos.

Momentos antes de que el Lincoln Continental X-100 entrara en la Plaza Dealey y avanzara por la calle Houston , como recordó el gobernador Connally en su declaración en la Comisión Warren, el presidente Kennedy se colocó el flequillo y susurró algo a su esposa Jackie, que tenía a la izquierda; eran las 12:30 y la comitiva llevaba seis minutos de retraso.

Asesinato_John_KennedyEn la esquina de Houston Street con Elm Street la marcha debió realizar un giro de 120º a la izquierda, lo que obligó a la reducción de la velocidad de la limosina. Justo en ese momento sonó el primer disparo; poco después el segundo, en ese momento Kennedy se llevó las manos al cuello; tras cinco segundos que parecieron eternos, el tercero. Todo había acabado.

John F. Kennedy ejerció la presidencia 1.000 días hasta su asesinato en Dallas esa soleada mañana de noviembre de 1963. Este corto período fue suficiente para marcar profundamente la memoria colectiva de un pueblo que encontró en Kennedy lo que ardientemente necesitaba encontrar. Incluso en la actualidad, cuando con cierto aire de añoranza del liderazgo perdido se quiere encontrar en todo personaje político un estilo kennediano, esa memoria política y vital que suponía la búsqueda de algo nuevo no se ha perdido y continúa siendo permanente centro de interés y, en algunos casos, excusa literaria y cinematográfica para abordar rasgos de su personalidad.

225px-John_F._Kennedy,_White_House_color_photo_portraitUna figura de tal envergadura histórica que, más allá de su protagonismo político, fue capaz de impregnar a toda una generación de norteamericanos y también una gran parte de los comportamientos y manifestaciones sociales, éticas, políticas, literarias e incluso estéticas que encontraron en Kennedy, como él mismo señalaría, un cambio del sistema de valores tradicionales, un nuevo camino para el pueblo norteamericano que merecía ser recorrido, un inédito compromiso personal con el destino de una nación. En resumen, una nueva forma de ver y entender la vida.

El poder simbólico de Kennedy se mantiene y el interés por su personalidad y su forma de hacer política es perdurable en el tiempo, como lo demuestra una reciente encuesta realizada en Estados Unidos, que revela que un 56 % de las personas entrevistadas lo consideran el más grande presidente de Estados Unidos después de Lincoln, y muy por encima de Roosevelt, Truman e, incluso, del propio George Washington; por supuesto superior al mismo Barack Obama.

GF72022CB.1-1_t670x470Una parte considerable de los encuestados que señalan su preferencia por Kennedy, casi un 28 %, tienen menos de veinticinco años y representan esas nuevas generaciones que en repetidas ocasiones oyeron a sus padres evocar en qué momento de su juvenil recuerdo escucharon al entonces vicepresidente Johnson anunciar al país y al mundo el asesinato del presidente.

Kennedy reunía las condiciones básicas que la sociedad estadounidense necesitaba en ese momento. Puede señalarse, como hacen algunos de los que fueron sus colaboradores inmediatos, que fue el primer presidente contemporáneo: su juventud, su vitalidad, su modernidad e incluso sus grandes dudas a la hora de adoptar decisiones importantes. No sólo era el primer presidente nacido en el siglo XX, era también el primer representante en la Casa Blanca de una generación distinta, la generación que nació durante la Primera Guerra Mundial, pasó su juventud durante la depresión, combatió en la Segunda Guerra Mundial e inició su carrera política durante la Guerra Fría, en la era atómica.

01schlesinger0.190Como señala Arthur Schlesinger Jr., uno de sus principales colaboradores, esta fue la primera generación que se desarrolló mientras llegaba a su fin la era de la inocencia americana. Haber nacido diez años después de Lyndon Johnson, o casi veinte años después de Adlai Stevenson, dos de los líderes significativos del Partido Demócrata, colocaba las raíces de Kennedy en una América más sencilla, más lejana de la vieja escuela de los líderes norteamericanos clásicos. Una vieja escuela de la que se tuvo que valer para poder acceder a la Presidencia, pero en la que provocaba un cierto temor porque rompía el clásico perfil de los políticos que habían sido presidentes o vicepresidentes en ese país: de origen irlandés, católico, natural de Nueva Inglaterra, hombre de Harvard, con gran formación histórica, con firmes convicciones respecto a los principios de libertad y los derechos civiles, y también miembro de uno de los clanes económicamente más poderosos de Estados Unidos pero, por su afán individualista, distante de los principios políticos e ideológicos que representaba su padre.

_ANIVERSARIODELASESI13547400_1aece614Kennedy era, por tanto, difícil de encuadrar en las generalizaciones sociológicas que se suelen realizar del electorado norteamericano. Era un político que estaba fuera de la normalidad, en su origen, en su formación, en su renovado idealismo, distante de otros presidentes como Wilson o Roosevelt, y que también expresaba la desconfianza de la generación de la posguerra por la vieja forma de hacer política con perfiles como el de Eisenhower o del propio Nixon, su contrincante electoral en el camino a la Presidencia.

john-f-kennedy-speaks-at-rice-university2Todas estas cualidades reflejaban una atractiva personalidad y, sobre todo, a un político de nueva hechura y factura, una persona que en su inicial ingenuidad prometía la liberación del idealismo americano, existente muy en el fondo del carácter nacional, pero aprisionado por la astucia y el cálculo de la sociedad americana de los años cincuenta. Ofrecía a los jóvenes la posibilidad de convertirse en algo más que satisfechos accionistas de una nación satisfecha, la necesidad de corresponsabilizarse en el destino de la nación rompiendo la pasividad e incorporándose a las labores colectivas del día a día, en el trabajo, en la universidad, en el barrio, en su ciudad. La responsabilidad colectiva de un pueblo en la solución de los numerosos problemas que acuciaban a una parte importante de la sociedad americana: los problemas económicos, laborales, de formación y asistencia a los desfavorecidos, de lucha por la igualdad y por la defensa de los derechos civiles. Unas promesas que se plasmaran no sólo por la voluntad de un presidente y de un gobierno, sino principalmente por el esfuerzo y el sacrificio de toda la nación.

KENNEDY LAWFORD -639704.jpg-Este era el sugerente mensaje con nuevas formas que ofrecía Kennedy a los ciudadanos estadounidenses, y éstos no dudaron en aceptarlo. El voto popular, el más amplio jamás emitido, dio la presidencia a la renovación y a la inocente ingenuidad, apenas tres años antes de esa campaña electoral de 1963. Una ingenuidad que, en gran parte, se perdió en los primeros días de su gestión presidencial y sobre todo en sus principales decisiones en la política exterior. Un idealismo que tuvo reflejo en determinadas medidas internas para establecer la Nueva Frontera deseada por Kennedy y que suponían una modernización de la sociedad americana, pero también un idealismo que dejó paso al oscuro pragmatismo tradicional, traicionando el espíritu y el fondo de su propio mensaje, cuando tuvo que enfrentarse con episodios de la Guerra Fría como la consolidación del triunfo de la revolución cubana, Bahía de Cochinos o la Crisis de los Misiles; por no mencionar la escalada militar en el Sudeste Asiático y el principio del conflicto en Vietnam. La difícil solución entre un idealismo convencido y el pragmatismo de la política de gobierno del día a día en Washington. En conclusión, un Kennedy como figura histórica contradictoria.

F201311181516042963119202Aun con todas las incongruencias y los problemas internos para conseguir la Nueva Frontera —que fueron muchos—, la figura de Kennedy y su trágico asesinato esa mañana de noviembre en Dallas supusieron para Estados Unidos y para todo el mundo no sólo el principio y fin de una época, sino también el nacimiento de un mito que permanece indeleble cincuenta años después.

* Presidente del Instituto de Altos Estudios Europeos. Profesor en la Escuela Diplomática de España y catedrático europeo en la UNED.

Por: ElEspectador.

Jorge Eduardo Vega

Jorge Eduardo Vega - Comunicador Social - Periodista - con Tarjeta Profesional expedida por el Ministerio de Educación nacional de Colombia. Doctorado en la Universidad de la Florida USA en audiovisuales.

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