TransMiCable se reactiva y Bogotá respira: el balance de un jueves de aguacero que inundó el sur y puso a prueba la movilidad.
La intensa tarde de lluvias que azotó a la capital este jueves dejó un saldo de inundaciones, encharcamientos y trancones que obligaron a las autoridades a tomar medidas preventivas, entre ellas la suspensión temporal del TransMiCable en Ciudad Bolívar. Sin embargo, el sistema logró restablecerse en cuestión de minutos y, al cierre de la jornada, el panorama era de normalización paulatina, aunque con varios puntos críticos aún bajo observación.
El colapso que duró poco más de media hora
Según la información difundida por TransMilenio a través de sus redes sociales, la operación del cable aéreo en Ciudad Bolívar fue interrumpida alrededor de las 3:18 p. m. debido a una alerta por tormenta eléctrica en la zona de influencia. La medida, de carácter preventivo, incluyó la evacuación de los usuarios que se encontraban en las cabinas. La situación, supuestamente, generó incertidumbre entre los cientos de personas que a diario utilizan este medio para descender desde los barrios altos de la localidad, pero la reactivación no se hizo esperar: a las 3:51 p. m., la entidad confirmó el restablecimiento del servicio tras la normalización de las condiciones meteorológicas.
Las aguas que anegaron el sur y el occidente
Mientras el cable volvía a operar, la Secretaría Distrital de Movilidad reportaba un rosario de afectaciones viales que, según la información oficial, se concentraron en localidades del sur y el occidente de la ciudad. El punto más crítico fue una inundación de magnitud en la carrera 5A con calle 31 sur, en la localidad de San Cristóbal, donde unidades del Cuerpo Oficial de Bomberos y del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IDIGER) se desplazaron para atender la emergencia.
A esa afectación se sumaron severos encharcamientos en corredores de alto flujo vehicular. Los reportes oficiales, citados por múltiples medios, señalaron acumulaciones de agua en la Avenida Gaitán Cortés con Avenida Boyacá, la NQS con carrera 33, la Avenida Boyacá con calle 60 sur y la calle 48 con carrera 5, en la localidad de Rafael Uribe Uribe. En Puente Aranda, la Avenida Américas con carrera 36 bis también presentó encharcamientos, y en la Avenida Ciudad de Cali con calle 132 se reportaron afectaciones similares.
El impacto en el sistema troncal no fue menor. De acuerdo con lo reportado por TransMilenio, en la Avenida Caracas con calle 11 se presentó una restricción al paso de los buses en sentido sur-norte, ocasionada por la obstrucción de los maletines instalados para el cruce peatonal. En San Cristóbal, un vehículo del sistema también resultó afectado por la fuerza del aguacero.
Un aguacero en el marco de una temporada anunciada
Las lluvias de este jueves no tomaron por sorpresa a las autoridades. Según las proyecciones del IDIGER, la segunda temporada de lluvias en Bogotá podría extenderse hasta finales de noviembre o comienzos de diciembre, y durante octubre y noviembre son previsibles aguaceros intensos, tormentas eléctricas e incluso granizadas. El propio Instituto había advertido que, aunque el fenómeno de El Niño reduce la cantidad total de precipitaciones, no elimina la posibilidad de temporales como el vivido esta semana.
Ese contexto explica, en parte, la celeridad con la que operaron los organismos de emergencia. El alcalde Carlos Fernando Galán informó a través de su cuenta en X que las emergencias por lluvias afectaron 26 puntos en la ciudad, siendo Usaquén, Suba y Ciudad Bolívar las localidades más impactadas, en una jornada que también incluyó la suspensión de vuelos en el Aeropuerto El Dorado y afectaciones a más de 70 rutas escolares en el norte de la capital.
La lección de un jueves que pudo ser peor
El episodio de este 5 de noviembre deja varias certezas. La primera es que el sistema de transporte masivo, especialmente el componente de cable aéreo, es altamente vulnerable a las tormentas eléctricas, y su operación depende de protocolos de seguridad que, como se vio, funcionan con rapidez. La segunda es que la infraestructura vial de la ciudad sigue teniendo puntos críticos donde una hora de lluvia intensa basta para colapsar corredores enteros, como lo evidenciaron los encharcamientos en la NQS, la Boyacá y la Américas.
La pregunta que queda flotando, según coinciden analistas en gestión del riesgo, es si las intervenciones que se anuncien para mitigar estas inundaciones llegarán antes de que la próxima temporada de lluvias, o si la ciudad seguirá dependiendo de la suerte de que el aguacero no coincida con la hora pico. Por lo pronto, TransMiCable volvió a moverse, las aguas bajaron y Bogotá, una vez más, se sacudió el lodo y siguió adelante.

